Una invitación para unirse a la toma de notas colectiva

Este es un esfuerzo colectivo para documentar y aprender de la organización de la solidaridad en respuesta a la urgencia de cuidados que la pandemia del coronavirus (SARS-Cov-2) ha precipitado. La primera ronda de notas, pensamientos, protocolos y proposiciones–o sesiones tal como las categorizamos aquí en el programa–refleja la experiencia de organizarse en medio de brotes y encierros en Italia. De acuerdo con el espíritu de este programa, nos centramos en aquellas prácticas que destacan el cuidado, el trabajo, la tecnología y la desobediencia. Su objetivo es ofrecer orientación práctica e inspiración para organizar y vivir la crisis en otros lugares. Al mismo tiempo, este programa o plan de estudios intenta ayudar en la articulación de demandas para alejar nuestras sociedades del capitalismo, el productivismo, el patriarcado y el racismo, y mutar hacia sociedades centradas en la colectivización de la tarea compartida que significa regenerar el bienestar interdependiente de los humanos y la naturaleza.

A diferencia de los temas restantes en estos Pirate Care Estudios, éste sigue de cerca los eventos que se están desarrollando. Es, por lo tanto, provisional y parcial a los contextos italiano, croata y británico desde los que escribimos. Sin embargo, alentamos a otras personas a contribuir a la construcción de un conjunto más amplio de notas que documenten la solidaridad en el momento de la cuarentena. Puedes proponer prácticas a documentar comunicándote nosotros a través de los siguientes canales:

Aplanar la curva, aumentar el cuidado

“Aplanar la curva” se ha convertido tanto en el principio rector de las respuestas de salud pública como en el llamado al distanciamiento físico entre personas. En efecto: la propagación del virus debe reducirse para que el número de personas hospitalizadas y de quienes requieren cuidados intensivos esté en proporción con los recursos de salud disponibles, aumentando así las posibilidades de recuperación y supervivencia. El gran número de casos que algunos países han tenido ha paralizado sus sistemas de salud, y esto es lo que queremos evitar. Hay, por lo tanto, que “aplanar la curva.”

Sin embargo, aplanar la curva no es suficiente. No sólo queremos mantener la propagación del contagio dentro de los límites de la capacidad del sistema de atención médica. La crisis social resultante de la respuesta y las secuelas de la pandemia requerirá un nuevo enfoque de las sociedades en las modalidades y capacidades de cuidado. Se trata, por lo tanto, no sólo de aplanar la curva, pero de “aumentar el cuidado.”

Una crisis de salud común

El brote de coronavirus ha demostrado las debilidades de los sistemas de salud pública, que cuentan con muy pocas camas de UCI y respiradores para lidiar con el gran y repentino número de infecciones, contribuyendo así a una mayor tasa de mortalidad por el brote. En Italia, por ejemplo, el sistema está tan sobrecargado que las salas de emergencias no pueden atender oportunamente las afecciones agudas (como los ataques cardíacos) y se han pospuesto muchas cirugías–lo que lleva a muchas muertes evitables adicionales. Los procedimientos de tiempo crítico, como las interrupciones de embarazos, también se posponen.

El personal médico de los hospitales en algunos países está trabajando en condiciones de guerra: poco equipado, sobrecargado de trabajo y sobreexpuesto. Esto que lleva a que un número creciente de estas personas se infecten, y necesiten a su vez aislamiento y asistencia. Trabajadore/as de servicios, en particular de limpieza, cuidadore/as, doméstico/as, repartidore/as, de supermercados, al igual que muchas otras personas que no pueden trabajar desde casa, se exponen al contagio.

La vulnerabilidad de muchos grupos en riesgo contribuye a la crisis: las personas mayores y quienes viven con preexistentes condiciones de salud; los inmigrantes sin documentos y a quienes se les puede negar la atención médica; las personas que no tienen cobertura de atención médica y enfrentan deudas paralizantes si necesitan exámenes o terminan en hospitales (dependiendo del contexto). Las personas que no viven en una casa propia también son especialmente vulnerables: personas sin hogar, en situación de asilo, personas mayores en hogares, mujeres en casas de seguridad o estudiantes extranjero/as en residencias. A estas personas se le unen quienes no pueden dejar de trabajar: personas que trabajan en limpieza, supermercados, en la industria alimentaria y de transporte, cuidadores y trabajadores industriales a quienes se les pide que continúen, ya que no pasa nada.

Una crisis combinada de cuidado, trabajo y medio ambiente.

En las últimas décadas, el desarrollo capitalista ha privatizado, desfinanciado y socavado la misión pública de los sistemas de salud alrededor del mundo. Se han entregado a los intereses de mercado muchos otros aspectos institucionales y no institucionales de la reproducción social como la limpieza, la cocina, el cuidado infantil, el cuidado de personas mayores y la educación. Estos sectores dependen de un gran ejército de mano de obra, frecuentemente compuesto por mujeres y migrantes que trabajan en condiciones precarias de bajos salarios, beneficios limitados, contratos de cero horas o bajo demanda, acuerdos informales e ilegalidad. A medida que las tareas sociales de cuidado se han subordinado a la acumulación capitalista, las fuerzas del trabajo se han fragmentado e individualizado, eliminando su propia reproducción de las redes de apoyo mutuo y acción social. El aislamiento es ya una condición frecuente.

Las últimas cuatro décadas han visto un aumento de dos a tres veces en los contagios zoonóticos de virus de animales a humanos. Los saltos zoonóticos, como en el caso del coronavirus (que parece haberse originado en murciélagos y se encuentra también en otros animales) son consecuencia de prácticas disruptivas en hábitats naturales–como la agricultura industrial y la creciente inclusión de especies silvestres en las cadenas de productos alimenticios capitalistas que han creado las condiciones para tales efectos. Los ecosistemas degradados, con su complejidad reducida para beneficiar la agricultura industrial, tienen una menor capacidad para detener la propagación de epidemias. Esto sólo empeorará en la medida que la creciente desestabilización ecológica planetaria genere nuevos patógenos. Estudios recientes también destacan la correlación entre la gravedad del impacto del coronavirus y las tasas de contaminación del aire en las áreas afectadas.

Para la mayoría de las personas en este planeta–un gasto desde el punto de vista del capital–morir por epidemias o incluso virus comunes ha sido la norma durante mucho tiempo. Las condiciones preexistentes de pobreza neocolonial, mala salud, desnutrición y hábitat degradado pueden potenciar virus y epidemias. Aunque en lugares con apropiados sistemas de salud pública el virus pareciera no hacer distinción de clase, las diferencias están apareciendo rápidamente en países con salud privatizada y diezmada.

Una crisis de domesticidad

Debido al distanciamiento físico recomendado y la cancelación de muchas actividades públicas, trabajadore/as precario/as se enfrentan ahora a semanas y meses sin trabajo e ingresos. La compensación por el autoaislamiento no existe en muchos lugares. Quedarse en casa para profundizar la pobreza es una perspectiva horrible, y a estas personas se les unirán la gran cantidad de nuevo/as se unirán ejércitos de personas despedido/as.

Las guarderías, jardines de infancia y escuelas están cerradas, creando una situación imposible para muchos padres que deben trabajar. En muchos casos, los ancianos, que están en mayor riesgo por la pandemia, se ven obligados a quedarse con los niños, creando una situación difícil emocional y sanitariamente en los hogares y las familias.

También hay quienes sufren enfermedades mentales, discapacitado/as o que padecen condiciones severas, para quienes permanecer en aislamiento en el hogar no es factible. Y luego están aquello/as que enfrentan violencia doméstica y para quienes el encierro equivale a abuso continuo. La violencia sólo crecerá ya que ni los adultos ni los niños pueden perseguir sus intereses fuera del hogar ni socializar. El aislamiento sin un replanteamiento radical de cómo organizamos el trabajo, el tiempo libre y la convivencia, comenzarán a dejar su costo psicológico.

Organizando un futuro alternativo

Es probable que la pandemia empuje a la ya inestable economía global a caer en picada, desencadenando medidas para restaurar la acumulación capitalista que, a juzgar por el pasado, podría generar nuevas reducciones en el sistema de atención pública, desmantelar las protecciones laborales, desalentar la vida cívica y profundizar desigualdad y pobreza. Las consecuencias podrían retrasar los esfuerzos para contrarrestar y adaptarse al cambio climático que podría conducir a desastres comparables. Frente a estas perspectivas, la pérdida de la capacidad de organización para hacer reclamos políticos de manera efectiva mientras el brote está en curso podría resultar paralizante.

Estamos viviendo un momento de profunda transformación que impactará nuestro futuro colectivo más allá de la emergencia de contener la epidemia. Es a la vez un tiempo de aceleración, un tiempo de incertidumbre expresado en predicciones estadísticas, un tiempo de suspensión. La forma de lo que está por venir no está solidificada y dependerá en gran medida de nuestra reflexión conjunta y de nuestra capacidad para organizar acciones políticas. Habrá una necesidad de simplemente “volver a la normalidad, rápidamente.” Aunque comprensible a nivel psicológico, esa tendencia (o esperanza) deberá abordarse colectivamente–y también sanarse.

Pero también vivimos en una época en la que se nos ha proporcionado un vistazo a un futuro alternativo. El desafío hoy, y del próximo período, es y será acerca de cómo mantener el aumento de la solidaridad provocado por esta crisis múltiple. Es decir, cómo mantener la fuerza que motiva a las personas a unirse y exigir cambios sistémicos en la salud pública y medio ambiente, yendo más allá de las tendencias capitalistas de crecimiento, velocidad y consumo. Este último punto es lo que nos empuja a tamizar y recopilar algunas de las historias e información reunidas aquí. Las experiencias y ejemplos vinculados aquí se toman de diferentes lugares del mundo, en el espíritu del internacionalismo y el translocalismo, que podría ser una de las lecciones que reaprendemos del virus.

Sesiones

Acá abordamos cuáles son las formas inmediatas de atender las necesidades de cuidados críticos que el distanciamiento, el aislamiento y la cuarentena están introduciendo (o empeorando) y que podemos abordar de manera colectiva y mutualista. Estas son las notas que documentan las intervenciones y prácticas en respuesta a la pandemia del Coronavirus:

Colaboradores

“Aplanar la curva, aumentar el cuidado” está escrito y traducido en colaboración por: Maddalena Fragnito, Valeria Graziano, Marcell Mars, Tomislav Medak, Cooperation Birmingham, Tomasso Petrucci, Dan Rudmann, Antonia Hernández, Rebekka Kiesewetter, Tobbias Steiner, Katja Laug, Janneke Adema.